lunes, 10 de diciembre de 2012

En el amor nada es como empieza, sino como acaba.





 
 
Acaricié con mano torpe el contorno de sus párpados, saboreando con deleite cada poro de su piel morena, acompasándome a cada uno de sus latidos. Sentí el círculo caoba  de sus ojos engullendo a los míos con ansiedad, como siempre hacía; y me quedé atrapado por su sabor a selva, como si de repente el abrazo de una hiedra combativa me empujase al interior de su reflejo. Quise apartar la vista, pero mi alma ya estaba atrapada.Cuando quise darme cuenta ya era tarde; y la redondez y tersura de sus perfectas nalgas se apropiaron de mi primitivo instinto empequeñeciendo mis desnudas manos, arrastrándome con su oscuro encaje hacia una densa marea de lujuria que me adormecía confuso y me empujaba  a mantenerme quieto en el atrayente hueco de sus pechos.
Mis manos perdieron el control sobre sí mismas; empujadas por una fuerza misteriosa hacia el sur de su marea como un tronco a la deriva, poniéndose tensos todos los miembros de mi cuerpo en una transmutación intimista y lubricada de saliva. Busqué con mis dedos un resquicio, una grieta en su abultada seguridad en sí misma, y la poca decencia que sobrevivía  en mis lascivos labios bailó al compás de sus suspiros, cedido su inicial conato de defensa en esa noche de aullidos y hombres lobo.
Busqué refugio entre sus piernas, esperando el cómplice estallido que me permitiera adentrarme en su desvalida oscuridad, sin  más opción que el dejarme  abandonado  al zumbido de esas atrayentes bestias multicolores. Y de repente me sorprendió  el orgasmo más brutal que yo jamás haya sentido, dejándome desvalido  sus sudorosos y agradecidos ojos, con esa mueca tan encantadora de infantil desprotección .
Enredándose su pubis en mis dedos fuí capaz de ascender de nuevo a la seguridad de mi montaña, saciándose mi boca de su sed. Estaba  tan hastiado de pensarla que solamente era capaz de apretujar su cuerpo contra el mío en busca de calor. Y nuevamente volvió a sorprenderme, ofreciéndose generosa y agradecida. Todavía me maravilla la insaciable capacidad de su piel para abducir a  la mía con cada pulso de mi erizado vello, elevándose y llenándome de gloria, haciéndome sentir nuevamente el centro del universo. La batalla fué cruenta, y el amanecer nos sorprendió exhaustos, sin resuello; desnudos de cabeza para arriba; pero había merecido la pena porque no había ganador ni vencido; estábamos vencidos los dos.
A la luz de un nuevo amanecer; y una vez repuesto de mi carnívoro desgaste paseo con delicadeza sobre su piel las yemas de mis dedos. Me gusta deslizarlos suavemente mientras ella me mira como si fuese la primera vez que me haya visto en su vida. Me apasiona deslizarlos por el contorno de sus pechos mientras escucho su respiración entrecortada, entreteniéndome el tiempo justo entre la caricia y el paseo distraído de unos dedos que se aburren.
 
No; no es como ha empezado; es como acaba. No es el silencio de su complicidad  lo que yo  buscaba, ni la acuosidad de su mirada enamorada. No es tan siquiera como acaba, sino como transcurre lentamente el tiempo entre cada uno de sus pestañeos, tan perpetuado una y otra vez en mi memoria que ya no sé ser yo si no es con ella.


sábado, 1 de diciembre de 2012

Estoicismo. Zenón y otros griegos que me suenan a chino.







  Parece ser que el estoicismo no es nada novedoso.  Ahora que se nos exige sobriedad  a punta de pistola es una expresión que vuelve a estar de moda. “El español aguanta con estoicismo a cuatro patas las embestidas del euro”. ”Hemos de ser fuertes y aguantar estoicamente estos tiempos de crisis. Lo peor ya ha pasado”… Estas y otras tonterías semejantes son las que se les ocurren decir a los borregos que se las dan de intelectuales desde las tarimas improvisadas de los bares mientras apuran otra ronda en el intermedio del Madrid- Barsa. Son consignas que se escuchan a diario; y no les damos la menor importancia. Esto me lleva a la siguiente reflexión absurda: ¿Sabrán realmente de lo que hablan?
 En lo que a mi entorno habitual respecta lo que más se le puede parecer son las teorías de un tal Stoitchkov;  al parecer célebre por su exquisitez en el campo de futbol y su  aparente ausencia de modales en la vida diaria… Admitiendo mi ignorancia acudo como viene siendo habitual a “San Google”; y por arte de magia me entero de que un tal Zenón ya había previsto que las íbamos a pasar muy putas en esta época y se nos adelantó acuñando para su movimiento esa palabra: Estoicismo (No, no voy a hacer el famoso chiste de "uno colgando y otro lo mismo". Hoy me apetece ser un poco más correcto; para desilusión de algunos que me conoceis bien).
 Sé que debería recordar algo de los estoicos de mis tiempos de instituto; pero por aquel entonces yo me encontraba demasiado atareado persiguiendo faldas cortas y maquillaje excesivo; y en mi afán por ensayar la reproducción antes que nadie supongo que me perdí alguna que otra clase de filosofía. Pepe (uno de mis profesores por aquel entonces), nunca me lo perdonó, porque confiaba en mi potencial (pobrecito). ¿Qué cómo lo sé? Pues lo sé porque los mejores debates que pude haber tenido de filosofía los he podido experimentar con él desde la falsa seguridad de unos cachis de cerveza vacíos, cuando el tabaco de liar no se estilaba; pero esa es otra historia…
A lo que voy: Buscando alguna entrada que me permitiera salir de dudas me he liado más todavía. A Zenón le he tenido que añadir Sócrates,Séneca, Nietzsche (ni siquiera sé muy bien si se escribe así) ,Epíteto y un montón de nombres que deberían de sonarme de algo; pero no hay manera. Mi memoria parece ser demasiado selectiva. Me acuerdo con más detalle por aquel entonces de las tetas de Marlén (por citar solo alguna, que uno en el fondo es un caballero) que de ninguno de esos ilustres personajes. Recuerdos fragmentos aislados, tales como que “el ser humano es capaz de percibir y juzgar las cosas que no pueden ser cambiadas” (véase también sumisión), “lo que nos lleva a admitir que actuemos como actuemos nada vá a cambiar… ummmm…. ¿De qué me suena a mi esto? Estoicismo será lo mismo que conformismo? –No; no puede ser…
¡Joder… cada vez estoy más liado; porque por otro lado también recuerdo algo parecido a que “el hecho de que algo parezca factible asegura que puede ser cambiado” Coño… Algo debemos de estar haciendo mal; porque hace miles de años que el tal Zenón  (primo hermano mío por apellidos, por cierto) había sentado el precedente de que la única manera para alcanzar la libertad y la tranquilidad absoluta era mostrándose ajeno a las comodidades materiales; pero dejaba una puerta abierta:  siempre quedaba una opción.  Ahí quería yo llegar: ¡¿Cómo demonios no nos vamos a hacer todos estoicistas con la que está cayendo ahora mismo?!! El problema está en adoptar la postura correcta. Los conformistas que miren hacia otro lado. Vivirán más y mejor, seguramente; pero serán desgraciados, porque en el fondo lo que harán será admitir que nada puede ser cambiado; y eso es algo que por fortuna no es correcto. Los inconformistas que alcen su puño en alto gritando INSUMISION porque si algo hemos aprendido en estos largos años de luchas es que todo puede ser cambiado; todo es factible. Es un simple problema de desunión. Y lo digo yo; que me considero apolítico totalmente; pero hay cosas que las vería un ciego.
Reflexión absurda de hoy: La sabiduría aparece en los lugares más insospechados. En una simple tertulia de bar la gente más analfabeta aplica conceptos filosóficos de primer orden sin ser conscientes de su verdadera sapiencia. Deberían de tomar ejemplo nuestros políticos y banqueros, porque a lo mejor así en lugar de quemar nuestro dinero lanzando cortinas de humo  escucharían de una vez al pueblo; pero claro… eso no les conviene. Siempre es más rentable  ser sordo en país de ciegos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Paseando por Toraño









Me gusta salir a pasear, y fundirme con la Naturaleza. Soy privilegiado y desgraciado a la vez; porque estoy tan acostumbrado a moverme en este entorno que mis ojos han perdido la capacidad de maravillarse con los pequeños detalles. Te invito a pasear unos minutos conmigo. El de hoy es un paseo corto. Es un paseo de prueba. Espero que te guste mi compañía y lo que te voy a ofrecer como anticipo:






video

sábado, 17 de noviembre de 2012

Caos







He salido a pasear, y me ha inundado la oscuridad de esta tarde de otoño. He asistido a la tristeza y la soledad de almas que ya creía curadas por completo, y a pesar de lo inhóspito del decorado he vuelto a encaminar mis pasos al callejón de los orgasmos sin abrazos. Entre pieles salvajes y confuso maquillaje me han tentado maullando cientos de lenguas, y aunque no te lo parezca se me han antojado tigres al acecho agazapados.
Camino bajo luces de neón, y mis pies descalzos resbalan en su loca huida, enredadas sus raíces con la inmundicia del asfalto. Veo rostros embozados que me llaman a gritos, pero sus extraños acentos me resultan extraños e interesados. Es el caos, el caos de nuevo que se adueña de mi orden; y mi vista consumida trabaja duro y sin descanso en busca de un mundo menos caótico y con un mínimo de seguridad. Toda mi serenidad tiembla aterida, y es que asisto con rechazo a los deshaucios de parejas calcinadas por pirómanos sádicos sin alma. Gordos buitres de rechonchas manos llevan sus gordezuelos dedos a sus panzas mientras rien al compás de sus joyas incautadas; y a nadie parece importarle nada...

La lluvia decide inundarme, y mi conciencia boquea pisoteada  y moribunda desde el charco más cercano. No he podido rescatarla a tiempo, y se ha cubierto de pellejos  y de uñas que flotaban arrancadas. He vuelto corriendo en busca de la seguridad de mi guarida, y como un animal herido he pasado mi lengua reconociendo el sabor metálico de las cadenas que nos tienen oprimidos. Ha regresado la musa de otoño, la que viaja con los huracanes y arranca con sus torpes manos la hojarasca que oculta el calendario. Ha borrado fechas y santos, dejando en su lugar una improvisada cuartilla en blanco. Hacía tiempo que no sentía este deseo de desmembrar mis pensamientos en una carnicería en lo que todo queda expuesto y desordenado. Es nuevamente el caos el que maneja mis manos dando forma y amoldando retales de gloria y verguenza a partes iguales, tratando de envolverlos en un atrayente celofán brillante.
 Con el paso de los años sé que me resultará atractivo bucear en este turbulento océano de aguas putrefactas, pero mis memorias se ahogan si no las saco a respirar de cuando en cuando, y aunque resulte arriesgado no tengo otro remedio que ofrecerlas desnudas una vez civilizadas, porque la vida salvaje sobrevive a salvo de las miradas propias, pero no de las que no les deben nada.

Me acerco a la ventana, y fugaces partículas de gases y miradas desapasionadas se estrellan contra los cristales en este anodino atardecer de lluvia y Noviembre. Tengo una visión descorcentante en la que tu cuerpo y el mío se levantan unidos, con un espeso círculo de saliva gastada encadenando tu piel a la mía. En silencio nos miramos,  y con la mirada encendida y la luz apagada exploramos nuestra piel de todas las maneras posibles, siendo capaz de sorprendernos aún con cada pequeña  imperfección ; con cada uno de los pequeños detalles que nos hacen únicos. Me recreo sazonando esa refrecante imagen, con tu sonrisa infinitamente suspendida en la punta de mi lengua ofreciendome como siempre una generosa y entregada vida en pareja. Eres a la vez suave y picante, indómita y dulce como una sutil combinación de concurso gastronómico.
 Me he pasado la mitad de mi vida dando vueltas sobre mí mismo sin apenas darme cuenta, con mi aguijón a punto de perforarme ponzoñoso; pero no ha sido un círculo de fuego el que ha amenazado eternamente mis propias contradicciones, sino una errónea e infundada certeza de que algo malo habría de sucederme. Es lo que pasa cuando te estrellas tantas veces contra la felicidad...

Cuando aparté la mirada de los cristales sucios pude verte. Estabas preciosa, empapada en medio de la calle. ¡Habías regresado! ¡Al fin de nuevo en casa! Sentí un nudo en la garganta. Mis temblorosos dedos no acertaban a oprimir el botón de rellamada. Cuando te tuve frente a mí me quedé en silencio. Estabas preciosa, con tus trencitas y tu cara recién lavada. Olías a lavanda y espliego; al rocío de una refrescante madrugada.
-Hola, Balagar...-dijiste con tu eterna timidez. Nada había cambiado. Estabas tal y como yo te recordaba.
-Hola, Esperanza. Hacía mucho que no me visitabas...

domingo, 11 de noviembre de 2012

Renovación.

 

Después de la tormenta siempre llega la calma
Desde la buhardilla de mi desván vuelvo a ver el sol lucir.


 Renovarse o morir... Hay momentos en la vida en los que es necesario echar la vista atrás y reconsiderar actitudes y aptitudes. Estas semanas me las he pasado inmerso en una especie de "pequeña crisis personal".

Los que me conoceis un poco seguro que ya os habíais dado cuenta; pero los que no me conoceis estais en inferioridad de condiciones, así que creo que es justo que os dé una explicación. No es propio de mí permanecer callado, y mucho menos aceptar las embestidas de la vida con sumisión; pero he de reconocer que siempre hay una primera vez para todo; y a mí esa primera vez  me ha pillado por sorpresa. No volverá a suceder..

Supongo que los cambios de estación siempre me han afectado, pero nunca antes me había sentido tan desganado y descontento con todo lo que me rodea. El miedo a la vida y a la muerte siempre han sido una constante en mi vida (supongo que  a todos los que ahora me esteis leyendo os sucederá algo parecido), pero me ha podido el desgaste de ver familias a mi alrededor arruinadas de la noche a la mañana, merodeadores nocturnos en lo que yo humildemente considero basura, suicidios que podrían considerarse asesinatos, deshaucios emocionales, deshaucios económicos...


No me ha quedado otro remedio que renovar mis puntos de vista, obligarme a mí mismo a no sentir empatía con todo lo que me rodea . Es por ello que mi desván se ha visto afectado por todos estos cambios. He procurado ordenarlo un poco, y darle un poco más de luz; porque ahora que se avecina el invierno quiero pasar más tiempo aquí. Espero que os resulte un poco más acogedor. Bienvenidos de nuevo.

sábado, 20 de octubre de 2012

Lucha.






Todos los días son buenos para rendir homenaje a todas y cada una de las mujeres que luchan con todas sus fuerzas por vencer una enfermedad que parece invencible; pero que se puede vencer. Desde aquí mi manifestación más sincera de solidaridad.
 
 


Quisiera ahuyentar con mis manos

esa negra paloma que en tu pecho anida,

hacer que abandonase para siempre su guarida,

y se llevase  bien lejos su mensaje.

Quisiera que la fortaleza venciera en esta guerra,

Que la profecía no arañase el calendario con violencia,

y recordar lo sucedido como una anécdota cualquiera.

Quisiera que la oncología  fuese tan solo una palabra fea,

Como las que pasamos de largo en el diccionario,

que su sombra de ojos incluyese el verde esperanza

y vivirte siendo yo mismo parte de tu misma vida.

(Vivirnos como nos hemos vivido siempre)

Quisiera ser lo bastante fuerte,  y tener la valentía

De velar tus sueños como el héroe que mereces a tu lado,

Y así, cuando profundamente dormida, busques mi mano

Yo te pueda devolver alguna de las horas de desvelo que te debo.

Desearía que el amanecer fuese para nosotros siempre brillante,

saber que nos queda primavera, que después de tanta espera

ha merecido la pena esperar. Y así unidos, como en la más tierna infancia

(aquella en la que compartíamos cordón umbilical)

poder recordar con una sonrisa tu mirada angelical;

aquélla que todo lo perdonaba sin palabras.


sábado, 13 de octubre de 2012

Cosas que decirte antes de que mi esquela me delate



-Que tu amor discurre pacífico y en calma, navegando sereno del corazón a la cabeza, siendo capaz de recordar siempre el camino de regreso.

-Que si la perfección es una esfera yo prefiero abandonarme en la imperfección de tu ombligo. Quizás no sea el círculo perfecto, pero es el único que alimenta mi vida.

-Que he soñado y aún sueño a través de tí. Que cada día es un nuevo desafío al que hacerle frente sin miedo.

-Que he aprendido a desdeñar el tiempo que me sobra si no lo paso contigo.

-Que un cisne no sabe cantar a menos que se esté muriendo. Que la tristeza de su canto me recuerda la fugacidad de una vida. Que yo no sé cantar.

-Que me siento empequeñecer cuando veo que te alejas, emborronándose mi tiempo como una perspectiva oscura y mal encuadrada.

-Que mi puzzle no encaja si no viene tu sonrisa como siempre a rescatarme de mi soledad.

-Que me rescatas de mi propia locura, que mis febriles desvaríos se quedan en nada cuando me acuesto a tu lado cada noche.

-Que tu piel y la mía hablan un mismo idioma, desesperadas por entenderse sin palabras.

-Que necesito sentir el calor de tus manos desnudas envolviendo a las mías. Que la noche ya no me asusta porque tú me acompañas.

-Que las estrellas se estampan contra el cielo llenándolo de agujeros por donde huye despavorida la noche cuando te alejas de mi cama.

-Que el silencio no sirve de nada en la oscuridad si no va acompañado de caricias. Que las caricias se vuelven inútiles si no se acompañan de silencio.

-Que paseo por casa descalzo y desnudo, escurriéndome irremisiblemente hacia tu ombligo.

-Que tu boca ha condenado a la mía a cadena perpetua.

-Que hubo un tiempo en que los muelles de mi colchón me taladraban como espinas llenándome de urticaria.

-Que solamente me arrepiento de lo que no he podido decir por falta de tiempo en esta vida. Que mis promesas siempre las he cumplido. Que siempre he sido fiel y sincero.

-Que me asusta la vida tanto como la muerte. Que no quiero irme antes de tiempo.

-Que a veces me siento un poco harto de aceptar a cuatro patas las embestidas de la vida.

-Que te esperaré siempre como esperan los pájaros la llegada de cada nueva primavera, aunque lo hagan ateridos de frío y con el corazón hambriento; porque lo hacen confiando en su regreso.

-Que me encanta la sonrisa de los niños porque solamente guarda inocencia. Que he aprendido a cambiar pañales sin sentir arcadas. Que mi casa estaría vacía sin juguetes. Que he aprendido a Amar en mayúsculas compartiendo nuestros genes.

-Que he vuelto a escribir poesía, como cuando era adolescente.

-Que el presente es fugaz como un pestañeo, y la vida tan efímera que si te empeñas en vivirla en pasado te sorprenderá la muerte.

-Que el amor parece que te debilita, porque parece su efecto más evidente; pero en realidad te hace más fuerte. Que uno más uno pueden llegar a ser más de dos. Que las matemáticas no siempre son exactas. Que te quiero y sé que me quieres. Que he dejado de tener la garganta seca. Que ha llegado el otono. Que al fin llueve. Que no soporto las despedidas ni los divorcios cuando no sé si son para siempre. Que estoy harto de ver cómo la gente enferma y muere. Que echo de menos a veces a los amigos que están lejos en distancia pero cerca en el corazón. Que estoy tan hambriento de vida que jamás tendré suficiente. Que si amarte fuera delito yo aceptaría sin dudarlo la cadena perpetua.

sábado, 15 de septiembre de 2012

La cárcel de los juguetes.





Existe un lugar en el colegio al que los niños evitan acudir. Es una especie de "triángulo de las Bermudas infantil", con su propio agujero negro justo en medio del patio de juegos. Los niños recién llegados hablan de él con un respeto casi místico, y es que aunque parezca una inofensiva tapa de alcantarilla todos los niños saben desde el primer día de recreo que es en realidad una monstruosa trampa que engulle todos los juguetes que se acercan por allí.
En un principio yo creía que se trataba de una infantil leyenda urbana, y que los juguetes se perdían enmascarados en laberínticas historias de mochilas y manos ajenas; pero hoy he visitado el mausoleo en el que descansan algunos de los juguetes preferidos de nuestros hijos, y no he podido evitar sentir cierta empatía con sus inocentes lágrimas. Durante unos segundos me ha inundado la nostalgia de los años en los que mi mayor preocupación también consistía en proteger mis tesoros infantiles, y no me ha quedado otra alternativa que compadecerme de ellos.
Para evitar tentaciones de románticos rescates (y con ello prevenir accidentes no deseados) se ha soldado la tapa, con muy buen criterio a mi entender; lo que le confiere a la cárcel de juguetes un cierto aire de inexpugnabilidad muy misteriosa y apetecible; y es que dá la impresión de que un infantil aprendiz de Alí Babá merodea por el patio tratando de deletrear la complicada fórmula de "Ábrete Sésamo". Gracias a la cueva del tesoro de juguetes hoy he tenido la ocasión de inventarme un nuevo cuento para mi hijo. Hay que encontrar el lado positivo a todo...

viernes, 31 de agosto de 2012

Otra declaración de amor. Otro 31 de Agosto.













Eres el pálido rayo de luna
que me despierta, me asusta y me desvela.

- Eres ese pétalo de rosa
que el viento acuna
y el pensamiento ciega.

- Eres el cielo y la tierra,
la luz y la ceguera...

- Eres como el calor
que busca el vagabundo
refugiado en su mísera hoguera.

- Hoy me encuentro cabizbajo,
soñador y lánguido, meditabundo...

- Me pregunto si habrá en el mundo
otra de tal belleza y desparpajo.

Otra que enamore con la mirada.
 
 
 
Han pasado más de diez años desde que decidimos compartir nuestros caminos, y desde entonces hemos sido infatigables compañeros de viaje. Hemos luchado hombro con hombro contra las adversidades y hemos aprendido a vencer todos los contratiempos que se nos han puesto por delante. Hoy es un día de celebración, de aniversario; y quiero que sepas que sigo viendo en tí a la mujer que me enamoró al primer golpe de vista. Eres la única que hace brillar de codicia mis ojos cada amanecer. La única que ha sido capaz de enamorarme con su simple mirada. Te quiero, Vero...

domingo, 5 de agosto de 2012

Devorando noches sin luna y sintiendo su acidez en mis entrañas.



Para toda la vida. Al menos eso decías antes de que tus promesas me supieran a vacías. Amarme y respetarme todos los días de tu vida; en la salud y en la enfermedad. En la riqueza y en la pobreza; en lo bueno y en lo malo...
TODOS LOS DIAS DE TU VIDA. Lo dijiste, y lo hiciste mientras me mirabas a los ojos; y yo estaba tan enamorada que veía reflejados en tus ojos el amor que yo sentía sin darme cuenta de que tú solamente me dedicarías los días, dedicandole a las noches el amor que a mí me prometías.
Yo prometí ser tuya, y amarte y respetarte todos los días y las noches de mi vida, y lo hice a sabiendas de que en el amor no hay letra pequeña; que en el amor solamente hay una entrada y una salida. Todavía recuerdo la cara de satisfacción del cura que tú elegiste, y su malograda profecía; porque lo que Dios ha unido solamente puede separarlo el hombre.

¿Te dás cuenta? Aún sigo enamorada, porque darte el tratamiento de hombre resulta generoso e inmerecido. Lo peor de amar sin ser amada es la descorazonadora seguridad de que has sido víctima de una cruel estafa; y así me siento yo: defraudada, engañada, estafada...
Lamento haber estado ciega todos estos años, porque no sé de nadie que necesite una cama vacía; ni un crucifijo que le mire de soslayo con cara de preocupación y lástima. Las personas como tú no guardais amor para nadie que no seais vosotros mismos, empeñados como estais en amaros en solitario. El perdón nace de un deseo sincero de ser perdonado; pero  creo que en tu espíritu rebelde no cabe ni un milisegundo de arrepentimiento. Este terco empeño en convertirme en paladín de una causa imposible ha vencido todos mis huesos, dejándome relegada a un simple lazarillo vagando por un laberinto al lado de un mentiroso ciego. Has quemado lo poco que quedaba de tí y de mí, empeñando el oro de tus dedos en una partida a muerte con oníricas sirenas. Has cubierto mis desnudos hombros de soledad y silencio, alentándome a sobrevivir con un millón de recuerdos y un despertar casi siempre enfurecido, y eso es algo que yo no me merezco. He perdido tantas y tantas veces la batalla contra mí misma que solamente encuentro guerra entre tú y yo, y es que el legado que ha dejado tu violento paso por mi vida ha consistido básicamente en pequeñas escaramuzas contra la sensatez.

¿Cómo mirar hacia otro lado cuando todo me recuerda que has vivido con pasión entre las nauseabundas procesiones de la carne solapada de noche y plañideras de alquiler? Has estrellado nuestras vidas contra la noctámbula epidermis de docenas de sirenas ciegas, siendo prisionero para siempre del abismo de su mirada y de sus cantos, navegando sin timón ni timonel. Camuflada en la noche de su piel morena vienen a entonar su melodía, coreada tu lujuria con su astuta melodía, cómplice asesina de un mal polvo pagado con tarjeta.
Desde que te has convertido en asesino de recuerdos no dejo de limpiar mi ventana, oscurecida por el vaho que provoca tu ausencia y mi desgana en el vaivén constante de la pocas luces que aún te quedan.
Es triste de admitir el poco trabajo que cuesta empujar una puerta para cerrar otra, abriendo paso a la soledad de unos brazos que solamente reclaman efectivo para abrirse de piernas. Esos lazos efectivos no guardan abrazos ni caricias, son como la hiedra que deja sin savia a su triste huésped.
El amor que se muere jamás ha de ser resucitado; porque no hay ningún tipo de heroísmo en el rescate de un recuerdo. Mi mayor error ha sido creer que es posible amar sin ser amado; porque cuando el amor se muere por completo solamente el descrédito puede resucitarlo, sacando a la luz noches de vómito y miedo; de cristales empañados en la absurda desesperanza de creer que algún día todo volvería a ser lo que era.
Hoy debo ser fuerte, y admitir que vivía encarcelada en una silenciosa soledad en la que yo siempre esperaba algo de tí y nunca encontraba nada. Creía haber besado al sapo de mi vida; pero con el paso de los años el que antaño fuera mi príncipe está demasiado empeñado en recuperar su condición de batracio; y me observa desconcertado con sus ojos inexpresivos mientras me afano en explicarle que el amor es cosa de dos; que de nada sirve esperarle despierta noche tras noche con la esperanza de que algo haya cambiado; que esa noche no regrese con el sabor a los besos de otra, con el olor al cuerpo de otra, con la mirada tan perdida en el recuerdo de otra que ambos sabemos que nos hemos perdido para siempre.
Estoy cansada de miradas tan vacías como tu cartera; esperando siempre una disculpa que nunca llega. Creía que nunca lo diría; pero Oscar Wilde tenía razón cuando afirmaba que "Cuando los hombres aman a las mujeres solo les dan un poco de su vida, mas las mujeres, cuando aman, lo dan todo"
Solamente puedo decirte: Adiós.

domingo, 15 de julio de 2012

Fuera de cobertura


 Estos días me los he pasado desconectando del mundo, retomando esa vieja máxima de que solamente estando en paz con uno mismo puede uno estar en paz con los demás. Me ha costado un poco encontrarme a mí mismo; porque solamente a primera hora de la mañana y de la tarde puede uno asistir a momentos de auténtica intimidad. Este verano le ha tocado el turno a la costa blanca. A caballo entre Torrevieja y Guardarmar me he sentido como un extranjero más, unido por instinto a los movimientos migratorios de una masa que se expresa en todos los idiomas imaginables menos el español. Confieso que me he sentido tentado en algunos momentos de hacerme pasar por uno más de los miles de ingleses, alemanes, finlandeses, ucranianos, etc que amparados por el poder que les confiere la debilidad del euro español levantan la voz en sus idiomas maternos exigiendo un trato de favor que en muchas ocasiones no merecen.
Debe de ser mi naturaleza pacífica la que me impulsa a mirar hacia otro lado asqueado al observar la mirada prepotente de quienes parecen más empeñados en humillar a camareros y cajeras de supermercado que en disfrutar realmente de sus vacaciones.
Supongo que es una consecuencia más de esta sociedad tan competitiva, esta sociedad en la que mirarse a los ojos es un atrevimiento que nace más de un deseo de enfrentarse que de un deseo de conocerse. En todo caso yo me limito a ocupar mis días en mi desconexión particular, centrándome en los pequeños detalles que llenan mis horas muertas; como los extraños paisajes lunares que sobreviven esparcidos a través de la playa después de los juegos de los niños.
Cuando las playas se quedan desiertas es cuando se puede realmente escuchar el rumor de las olas refrescando tu alma adormecida. Ese es el momento mágico; el momento en el que puedes salir de tu escondite, a salvo de miradas indiscretas, y abandonarte a los juegos que el pudor te impide realizar a plena luz del día. Las parejas de adolescentes se refugian en el anonimato de sus toallas extendidas a modo de mantas improvisadas, haciendo que renazca en tí un deseo de retroceder en el tiempo tan recurrente como imposible.
Estos días me los he pasado cumpliendo deseos que siempre voy posponiendo; y he disfrutado torturándome al sol, dejando millones de células de mi cuerpo abrasadas sin misericordia a pesar de atiborrarme de cremas protectoras. He disfrutado de la compañía de mi mujer y de mi hijo; grabando para siempre en mi memoria carcajadas y experiencias que me alimentarán día a día hasta que pueda volver a disfrutar de otro momento de desconexión.
He acabado de leer tres libros, y me he sentido tentado en más de una ocasión de lanzarme al vacío devorador de intentar escribir yo algo que merezca la pena compartir con los demás; algo que deje constancia de lo vivo que me siento y que siempre me he sentido; pero supongo que eso podrá esperar; porque ahora lo que toca es volver a la rutina diaria;  con sus madrugones obligados que nada tienen que ver con la búsqueda de un amanecer perfecto. Ya estoy de vuelta; de nuevo en la deshumanizada civilización. Ya tengo cobertura. Ya estoy operativo.
¡¡Paso, que voyyyy!!


sábado, 30 de junio de 2012

La musa



Me había prometido a mí mismo que iba a huir de todo aquello que circula por las redes sociales, y que en la medida de lo posible no iba a colgar ninguna foto que no fuera original; pero me he quedado extasiado con esta imagen, y como no puedo quitármela de la cabeza la comparto con vosotros a ver qué os parece. A mí me parece sobrecogedoramente triste y emotiva; y nada más verla se ha convertido en una de mis nuevas musas, porque me ha impulsado a escribir como un loco. El mensaje tampoco está nada mal...

sábado, 23 de junio de 2012

Resentimiento. Sentimiento. Presentimiento. Postsentimiento.





Amor...¿Cómo has podido escaparte tan lejos?
Es como si de repente me hubiesen robado el aire de mis pulmones, una mañana nuevamente te escribo…
No soy capaz de resignarme a tu partida.¿Cómo ignorar la llamada de una boca tan hambrienta como la mía? Tu partida ha resultado tan traumática como tu tétrica llegada. Te has ido como has llegado, calando a bayoneta en mi pecho.
Recuerdo con el pulso acelerado tu sonrisa, abalanzándose sobre el recuerdo de mi piel dorada, con el ardor de tu mirada inquieta. Puedo sentir como me aprieta, porque aún no he sido capaz de salvar tu misterio y el amanecer siempre me encuentra tendida solitaria y exhausta, musitando tu nombre.
Dirás como siempre has dicho que soy una niña; que aún no he madurado. Y yo te digo lo mismo que te he dicho siempre. ¿Qué sabrás tú lo que es sentir? Tú aún no has conocido el hambre de pecho ajeno, el feroz ansia de caricias, el silencio tenso que precede al primer beso. Cuando la vida se conjuga en plural ocurren cosas asombrosas que tú nunca has conocido: Se sumergen las manos de lleno en ese aceitoso misterio, exhalando gozosos los labios la tensión que les provoca el deseo. Gimen tus manos, sudan mis pechos. Atrapo con mis piernas todo tu deseo. Poco a poco la noche se empaña, se enciende el espejo; y entre vaho y silencio se oculta tu reflejo. Queman las sábanas, se desgarra mi cuerpo...en mis entrañas te siento bien dentro.
Quizás tengas razón... Quizás solamente soy una niña con cuerpo de mujer, puede que haya dejado de tener sentido llorar esta soledad, aunque todo me recuerda que ya no estás tú. Te has ido, y te has llevado todo cuanto tenía un hueco en mi vida. No quiero abrazar de nuevo la soledad de esta cama vacía; no soporto el frío de una almohada que me repite incesantemente que tú nunca volverás a estar a mi lado.
Todo mi ser se dobla ante la injusticia de este Dios tan miserable, que niega la luz a unos ojos que se han quedado ciegos después de haber conocido la luz, sumiendo la boca y las manos al más cruel de los silencios.
Es tan hondo este abismo que siento que jamás podré recuperar a mi alma. Te necesito. Te recuerdo. Te lloro. El sangriento oscurecer de este eclipse perverso no tiene sentimientos. Ha segado mi vida como a un junco seco. Mis huesos no pueden hacer otra cosa que reclamarte, acostumbrados a llenar tu hueco.
Si esto es la locura prefiero mil veces la muerte. No puedo soportar ni un segundo más la idea de haberte perdido. Aunque siempre has afirmado que no se puede perder lo que nunca se ha tenido yo me veo obligada a admitir que he llegado a creerme que podría ver por tus ojos, que respiraba tu mismo aroma…
Ahora maldigo uno a uno todos los segundos que he fingido no necesitarte; porque la misma certeza de mi indefensión me ha dejado cubierta de un musgo hambriento de palabras. Tienes razón. Aún soy una niña. Todavía soy capaz de amar sin ser correspondida.


martes, 19 de junio de 2012

Las dos caras de una misma moneda.

Esta semana ha sido una semana extraña. Me considero afortunado de vivir en una tierra llena de contrastes; una tierra que es un paraíso natural, con las entrañas cargadas de negros tesoros; una tierra tan cargada de contrastes que es capaz de ofrecerte en menos de treinta kilómetros la imagen más reivindicativa, minera y luchadora
alternada con el más idílico de los amaneceres




Una tierra en la que montaña y mar se besan como amantes imposibles, una tierra de antepasados luchadores, de personas que nunca se dán por vencidas, y que saben que aunque parezca que estamos metidos de lleno en una situación oscura y farragosa aún hay luz al final de nuestro túnel. Aún queda esperanza.

Mi solidaridad más absoluta con los mineros de Asturias, y con todas las familias que luchan por no perder unos derechos que fueron ganados a base de sangre, sudor y lágrimas. Por mis venas también corre sangre minera.

domingo, 3 de junio de 2012

El círculo perfecto



El círculo más perfecto del mundo son las pupilas ilusionadas de mi hijo, sus gordezuelas y torpes manos buscando mi cara para acariciarla. Cuando lo que habla es el alma el mundo aguarda y calla; y es que la más sutil de sus caricias resulta demoledoramente acogedora.
El círculo más perfecto del mundo es cuando me llama con voz melosa, porque lo hace en voz tan baja que solamente el corazón puede escucharle; y aunque me pierda en mil temores de un futuro que me llena de miedos daría la vida sin dudarlo por él.

viernes, 1 de junio de 2012

La transformación de la niña en diosa.





Muchos fantasean con el origen de Samantha. Dicen que como toda deidad surgió de la Nada, pero yo la he conocido de niña. Tenía otra mirada y otro nombre; pero nadie puede escapar de su pasado. Ni tan siquiera ella…

No recuerdo su nombre real, pero dudo mucho que eso importe. En realidad estoy seguro de que ni ella misma lo recuerda. Se comenta que nunca llegó a conocer a su madre (al menos a la verdadera), y de ser cierto lo que siempre se ha dicho  pasó su infancia (si es que alguna vez la tuvo) en un constante peregrinaje de bar en bar, recogiendo a un padre demasiado borracho como para saber decir hasta aquí hemos llegado. Tuvo que sobrevivir como pudo a una dieta tan baja en cariño que una simple sonrisa hubiese bastado para hacerla sentirse especial; una simple caricia hubiese sido suficiente para olvidar que en su habitación nunca había existido una muñeca con la que jugar.
 Cierto, eso la hizo más fuerte, pero vivía en un ambiente en el que mirarse a los ojos estaba prohibido bajo pena de palizas... En realidad ella no lo podía saber, pero estaba predestinada a ser desgraciada desde el preciso instante en el que el óvulo de su madre fue brutalmente asaltado por un desconocido en el portal de su misma casa, tomando por la fuerza lo que otros se limitaban a pagar.
Dirás que soy cruel; que existen mil maneras diferentes de decirlo sin llegar a ser pueril; pero lo cierto es que  Samantha fué puta antes que niña.
Si; es cierto... Fue engendrada de manera miserable e indeseada por un asaltante desconocido, y su llegada al mundo no pudo ser más indiferente. Lo sé porque ella misma me lo ha dicho. Creo que  me he ganado el derecho a poder contarlo, porque he sido el único amigo que ella ha podido permitirse tener en esta vida.
A los quince años ya era toda una experta conocedora de los deseos más ocultos de los hombres, y las primeras colillas manchadas de carmín se las ganaba rindiendo con sus labios un impúdico culto fálico a un Dios demasiado cruel como para no apartar la mirada asqueado. Yo la conocí cuando era apenas una niña. Tenía la mirada más triste que jamás haya podido ver, y se dedicaba a repartir ofertas de adultos cuando el resto de los niños de su clase éramos apenas unos quichillos. Las tablas de multiplicar se las sabía de memoria, transcurriendo su vida entre las dos malolientes  aguas que partían de la comisura de sus labios, siendo la abeja reina de un auténtico enjambre de sucios pederastas, zánganos cegados por fluidos etílicos , carroñeros de sucios instintos corporales.

Nosotros, como niños que éramos por aquel entonces, también  la llamábamos cosas crueles, porque un paquete de cromos era suficiente para que se abriese de piernas y te enseñase las bragas; y por un paquete de Camel ya no había nada que ocultase su imberbe y desprotegido pubis.

La primera vez que hablé con ella tenía la intención de desprenderme de todos los cromos que tenía repetidos, pero hubo algo que me contuvo. No sé si fue la tristeza de su mirada o su sorprendente voz de niña. Cuando le dije que no quería nada a cambio de mis cromos la sorprendida fue ella, y ese día se limitó a marcharse llamándome gilipollas; pero a la mañana siguiente vino a verme. En el silencio de sus ojos guardaba una promesa de amistad eterna. Nunca hemos necesitado de palabras.
Poco a poco fueron pasando los años, y nos fuimos conociendo cada vez mejor. Ya estábamos acostumbrados al áspero regusto a frío acero de los barrotes en los que vivíamos encarcelados. Ella malviviendo como buenamente podía y yo bienviviendo como malamente podía.Vivíamos ajenos a todo lo que no fuese nosotros mismos, al margen de los comentarios maliciosos de la gente, tan codiciosos el uno del otro que llegamos a sentirnos capaces de matar el uno por el otro. Éso; éso sí que podía llamarse AMISTAD. Con el paso del tiempo la civilización nos fue normalizando, pero hubo un momento en el que llegamos a creernos unos Bonnie and Clyde a la española, robando en los centros comerciales y asaltando a las furtivas parejas en los descampados.
Fue precisamente en una de esas noches de salvaje violencia cuando nos dimos cuenta de que jamás habría algo entre nosotros que no fuese una estricta amistad. Cegados por la excitación del momento nos dejamos llevar por el impulso de la carne. Todo comenzó como un juego de niños, y al abrigo de la noche no supe negarme a sus encantos. Cuando ella me miró con ojos suplicantes no supe negarme, y entre ortigas y picores volví a dejarme llevar por su experta mano, sintiéndome un instrumento a merced de su inquieta pelvis; rozando sus muslos con mi lengua, sintiéndose mis manos complacidas a merced de su placentera marea de lujuria y piel morena. Hicimos el amor hasta quedar exhaustos, como animales en celo, hasta que el dolor nos obligó a entregarnos malheridos el uno en los brazos del otro; y es que no hay mayor tortura que asumir la muerte del amor antes incluso de haber nacido. Velamos su recuerdo de todas las maneras que pudimos, sucumbiendo abrazados como amantes  a un nuevo amanecer en el que todo era posible menos el estar enamorados. Rodeados por millones de estrellas fugaces observamos boquiabiertos sus forzados aterrizajes. Se diría que estaban ansiosas por rasgar el oscuro manto de la noche hasta nuestro colchón improvisado  para allí morir satisfechas.

Esa noche  la hice mía tantas veces como quise y ella quiso, arrojando lejos de mí una máscara de fría indiferencia y presentándome ante ella desnudo y con la piel brillante y tersa, con todos los poros de mi piel deseando ser el velcro de su velluda pelambrera.
Y cuando acabamos volvimos a empezar, como empiezan una y mil veces los cuentos de hadas, sorbiendo con deleite cada glorioso segundo a la sombra de una luna llena que asistía atónica a nuestro rítmico y desenfrenado ritual. Las ramas de los árboles decían entre susurros que jamás habían presenciado nada semejante; y hasta el más minúsculo de los animales se acercó a curiosear. El placer de observar no es exclusivo del género humano; y así es que cuando acabamos un nutrido coro de voces acompañó nuestro descanso.
Ella me preguntó si yo la amaba; y lo cierto es que no supe qué decir.  A partir de ese momento todo cambió.La brillante y cegadora pasión que nos había cautivado en un principio se fue poco a poco convirtiendo en un chispazo solitario y huidizo.  Los párpados y las lágrimas ganaron la batalla a las pestañas, y millones de mariposas huyeron despavoridas de nuestros estómagos, dejándonos convertidos en una simple armazón de piel y huesos. Esa noche ella se convirtió en la deidad oscura que ahora todo lo llena. Lo supe cuando me dijo adiós con los ojos inundados de lágrimas. Lo supe aún antes de saber que no volveríamos a vernos. Lo supe en el mismo momento en el que había sido tan sumamente débil como para sucumbir a su piel morena.

Con ella experimenté por vez primera la ingravidez. Con su marcha supe en carne propia lo que era el vacío. Empezaba como un diminuto poro en las entrañas, y con el paso del tiempo se convertía en una herida abierta en carne viva, una herida por la que fluía escapándoseme la  vida en una aceleración demencial. Quedaron mis talones destrozados en su loco intento por frenar esa caída libre, ese vertiginoso descenso hasta lo más profundo del Averno, y me descubrí a mí mismo desnudo, tan desprotegido como un recién nacido en medio de un desierto. Ella enseguida supo llenar mi vacío con el cariño de unas carteras bien repletas, tan acostumbrada a sobrevivir por sus propios medios que ni tan siquiera fué consciente de que las personas mortales  podíamos  llegar a sufrir de amor.
No sé si Samantha me quiso mal o bien, ni tan siquiera estoy seguro de que llegase a quererme, pero lo cierto es que se ha convertido en un sueño recurrente. Ella es mi diosa noche tras noche, reinando allí donde ninguna más ha podido llegar ni tan siquiera a acercarse. A veces creo que ni tan siquiera haya llegado a existir jamás; pero  no puedo evitar rendirle culto. Ella es mi más ferviente anhelo, y en su altar sucumbo sin remedio prisionero de cada amanecer.